Revista electrónica de la Sociedad de Etica
en Medicina
Los derechos humanos en la situación terapéutica psiquiátrica
Luis Allegro
Introducción
Achaval, en Medicina Legal (p.810), al abordar el tema de las relaciones
entre Psiquiatría y Derechos Humanos, dice que es necesario referirse
a las recomendaciones que se conocen como Declaración de Ginebra
(1946) y que han sido incorporadas en la parte correspondiente al Juramento
Médico como "fórmula de Ginebra", establecen como
cosa importante, la advertencia formulada en los siguientes términos
que cada médico debe hacerse a sí mismo: "No permitiré
que consideraciones de raza, religión, nacionalidad, partidos políticos
o condición social intervengan entre mi deber y mi paciente".
Estas manifestaciones se las encuentra en el Código Internacional
de Etica Médica desde 1949. Las experiencias médicas han sido
regladas por el Código de Nürenberg referidas a la experimentación
en seres humanos y por la Declaración de Helsinki de 1964. En 1977
la Declaracion de Honolulú se refiere al "abuso político
de la Psiquiatría".
Psiquiatría y Derechos Humanos.
Una forma de abordar las relaciones que hay entre la Psiquiatría
y los Derechos Humanos es estudiar las cuestiones psicológicas que
estos derechos implican.
Los Derechos Humanos.
Cuando se habla de "derechos humanos", o de "los derechos
del hombre", lo que esto realmente significa se refiere a aquellos
derechos acuñados en las últimas décadas del siglo
18 relacionados con las revoluciones americana y francesa. Recordemos que
nuestro país es un ejemplo en este sentido, pues desde la célebre
Asamblea del 1813, se abolió la esclavitud y no existen los esclavos.
Sin embargo la imágen del "amo y del esclavo" se mantiene
escondida en forma inconsciente todavía en situaciones en las que
es necesario pesquisarla muy atentamente, pues al menor descuido aparece
en forma enmascarada.
La idea de los derechos inalienables de los seres humanos es mucho más
vieja y fue muy conocida por poetas, filósofos y políticos
tanto de la antigüedad como de la Edad Media. Ya Sófocles invocaba
la más altas leyes naturales y el derecho natural del hombre, por
ejemplo en Antígona poniendo en labios del Rey Creón su fuerza
y su debilidad frente a las leyes de Dios. A través de siglos ha
habido una muy cercana relación e interdependencia entre la idea
de "ley natural" y la de los derechos humanos. Estos conceptos
pueden ser encontrados en los trabajos de los estoicos tanto griegos como
romanos, y en las enseñanzas del más temprano cristianismo,
en Santo Tomás de Aquino, en los estudiosos medievales, en los teólogos
españoles de los siglos 16 y 17 y más tarde en John Milton
y en John Locke, los arquitectos ideológicos de la revolución
inglesa de aquella época.
En los siglos XIX y XX , el ejemplo fue dado por los Estados Unidos y
Francia adoptando ordenanzas sobre los derechos o bien garantizando las
libertades individuales y fueron continuadas por los demás paises
europeos y del resto de América, Asia y Africa.
La revolución rusa de 1917, siguiendo los precedentes americano
y francés en la forma de sus pronunciamientos, agregaron una diferencia
fundamental, la cual no estuvo especialmente en el énfasis en los
derechos económicos y sociales, sino en una completa transformación
del sentido de los derechos políticos y civiles. Estas diferencias
básicas en conceptos se torna clara en la comparación de la
primera constitución soviética. La primera enmienda a la constitución
americana provee, entre otras cosas, que el Congreso no producirá
ninguna ley sobre la libertad de palabra o de prensa . La constitución
rusa de 1918 "por el propósito de asegurar libertad de expresión
a las masas" deroga toda dependencia de la prensa sobre el capital
y torna sobre el pueblo trabajador y los pobres proletarios todos los medios
técnicos y materiales para la publicación de diarios, periódicos,
panfletos, libros, etc.
En cierto sentido la revolución francesa rompe con lo que quedaba
de la cultura de la Edad Media y de la estructura feudal.
El feudalismo: la Edad Media y su estructura social.
En su más específico sentido, el feudalismo es un sistema
social de derechos y deberes, basado en posesiones de tierra y relaciones
personales en las cuales la tierra es trabajada por los vasallos del señor
feudal de tal modo que los mismos vasallos son una pertenencia más
del señor junto con la tierra. Se establece así una relación
de "amo y esclavo" entre el señor y el vasallo. El vasallo
es el brazo ejecutivo del señor feudal. El señor era dueño
de cuerpos y almas.
En un sentido amplio la expresión "sociedad feudal"
denota una forma de civilización que florece especialmente en una
cerrada economía agrícola y tiene ciertas características
generales además de la mera presencia de los señores, los
vasallos y feudos. En tal sociedad, aquellos que satisfacían deberes
oficiales ya sea en el orden civil o en el militar recibían como
remuneración especial la propiedad de un feudo que podía ser
transmitido hereditariamente. Otro aspecto del feudalismo es el sistema
señorial en el cual el señor terrateniente ejercita sobre
el campesinaje vasallo, un amplio rango de funciones de policía,
justicia, fiscalización y otros derechos.
Varias de las grandes civilizaciones del mundo han pasado a través
del período feudal en el curso de su historia. Varios de estos feudalismo
-por ejemplo, el japonés-son totalmente comparables con el feudalismo
de Europa occidental y del este latino.
El origen del feudalismo europeo es encontrado en los tempranos reinos
franco-normandos del siglo VIII, cuando las gratificaciones eran de donaciones
de feudos. En la segunda mitad del siglo VIII la donación incluía
muy especialmente al vasallaje. Con las conquistas galas, el feudalismo
se extendió en el norte de Italia, España y Alemania y más
tarde en los territorios eslavos. Los normandos tomaron Inglaterra en 1066
y el sud de Italia y Sicilia pocos años más tarde. De Inglaterra
el feudalismo se extendió a Escocia y a Irlanda y los cruzados se
encargaron de extenderlo por el resto de Europa.
El pensamiento feudal en nuestra cultura.
En psicología evolutiva hay un pensamiento que dice que "la
ontogenia repite la filogenia": o sea que, el ser humano repite en
su desarrollo individual todas las etapas de la evolución
de la especie animal comenzando por el ser más indiferenciado unicelular,
como puede ser la ameba, hasta llegar al mamífero más diferenciado
que es el hombre. Así el embrión humano pasa por una etapa
de ser unicelular, luego se torna pluricelular en busca de cada vez una
mayor diferenciación hasta llegar al mayor grado de evolución
como ser de una alta diferenciación.
Parece ser que las sociedades también cumplen con esta evolución.
A partir de comunidades primitivas se complejizan cada vez más hasta
llegar al mayor grado de evolución en las comunidades modernas.
Pero en este fenotipo encontramos como restos arqueológicos,
algunos representantes de aquellas culturas.
El pensamiento humano también cumpliría este ciclo. Así
el pensamiento feudal representa una etapa en esta evolución. En
el grupo social mínimo que forman un paciente y su médico,
se repiten todas las etapas del desarrollo de la cultura humana. Si recordamos
que las universidades más antiguas se formaron en la Edad Media,
estamos autorizados a pensar que dicha era ha ejercido un gran peso en la
historia de la cultura humana. En el ámbito jurídico
encontramos restos de ésto: ciertas expresiones lingüísticas,
como la "Vuestra Señoría" que se usa para dirigirse
a un magistrado, imponen una relación vertical entre juez y persona
juzgada, cuyo núcleo recuerda la relación entre el señor
y el vasallo.
El pensamiento feudal en la práctica médica.
En los hospitales psiquiátricos se suelen ver ciertos casos
de pacientes que se adaptan muy bien a la vida hospitalaria y que prestan
mucha utilidad para efectuar tareas menores de poca responsabilidad. En
estos trabajos la característica que resalta es cierto servilismo
que, a veces, pasa desapercibido pero que una observación atenta
permite descubrir algunas relaciones de amo-esclavo y de señor-vasallo
muy disimuladas. A veces adquiere carácter de sintomatología
enmascarada que está vinculada con la obediencia automática,
síntoma propio de algunas patologías.
El desarrollo del ser humano: la dependencia infantil.
Sabemos que el ser humano nace inerme, totalmente inerme. Tanto que si
se lo deja librado a sus propias posibilidades de sobrevivir, podríamos
asegurar que moriría si no se lo atiende y se le brinda todo lo que
necesita biológica y psicológicamente. Sabemos también
que esta dependencia infantil es enorme y que la separación de su
madre no se realiza psicológicamente sino mucho tiempo después
en un lapso que se mide en años.
La dependencia y la regresión.
La impronta que deja esta dependencia infantil, es muy grande y queda
en mayor o menor grado, durante toda la vida, sin poder resolverse nunca
en su totalidad. Cada vez que el ser humano, en su curva de evolución
progresiva, se encuentra con una dificultad, automática surge en
él la necesidad de regresar a la etapa de la dependencia infantil
y a revivir todas las características psicológicas de aquella
época.
La enfermedad, la regresión y la dependencia infantil.
La enfermedad constituye un acontecer que es fuertemente regresivante:
siempre produce una regresión a la infancia. El paciente es siempre
como un niño que necesita ser protegido. Por esto surge en él
la tendencia -que puede ser muy fuerte- a promover en el médico una
actitud paternalista, dado que a su vez el médico, por su vocación,
desea ayudar a su paciente. El profesional necesita estar muy atento para
descubrir esta actitud psicológica de su paciente y debe tener la
calma suficiente para no dejar de ser el profesional y transformarse en
un padre virtual. Si a pesar de todo, esta situación se da, toda
la relación médico-paciente adquirirá las características
de la relación amo-esclavo y señor-vasallo. En la práctica
médica se dan estas sutilezas que requieren ser investigadas atentamente.
Consecuencias de esto en el hecho médico.
Las consecuencias de esto es que el acontecer médico se pervierte
saliéndose del curso natural que debe tener. El médico inconscientemente
pone al paciente al servicio de la experimentación. Empieza a ver
al paciente como un objeto, cosifica el vínculo con el mismo y termina
olvidándose de la condición humana del objeto de su experimentación.
Entonces la relación adquiere un nuevo carácter: el paciente
se ha transformado en una cosa y los Derechos Humanos se han quedado desvirtuados.
Conclusión.
Debo tomar clara conciencia de que lo que acabo de exponer es un reduccionismo
excesivamente simplificador. Toda situación humana es sumamente compleja.
La situación terapéutica lo es más que cualquier otra.
Las simplificaciones sólo sirven para cumplir con un objetivo didáctico
y su utilidad estriba solamente cuando de ellas se obtiene una enseñanza.
Si de esta simplificación queda algo aprendido, entonces el objetivo
está logrado. |